XXY  

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XXY
El teorema de Lucía Puenzo
Por Mezclilla Guarra


(Argentina-España, 2007)
Dirige: Lucía Puenzo
Actúan: Ricardo Darín, Inés Efron, Valeria Bertuccelli
Guión: Lucía Puenzo
Fotografía: Natasha Braier
Duración: 86 min.

Habría resultado muy sencillo apartarse del espíritu del personaje y acercarse más al de la feria de un poblado lejano, en lo más oscuro del México profundo, para presentar a un ser humano que sufre por lo que unos llamarían deformidad y otros un espectáculo de la naturaleza. Pero no, para su ópera prima Lucía Puenzo se decidió a acercarse a la historia partiéndola en anécdotas, en pequeños pedazos de la vida de Alex, para que cada quien lo construyera y le dejara o le quitara los trozos de cuerpo que quisiera, porque en una sencilla frase, XXY es la historia de un hermafrodita que a una edad complicada debe decidir qué sexo conservará el resto de sus días.

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Un teorema
Antecedentes de este tipo de historias hay muy pocos y menos aún si nos ponemos a pensar que XXY (en esta revista la llamamos simplemente “equis, equis, ye”) será la película que representará a Argentina en las siguientes entregas del Oscar y del Goya. Es decir, aunque no se trata de un tema novedoso, el discurso la coloca en un nivel que sus antecesoras no han alcanzado, el de un retrato efímero, violento y al mismo tiempo sutil de una persona a la que un mundo hundido aún en el falogocentrismo ha forzado a elegir uno de los dos sexos existentes en la humanidad... o lo que sea, a elegir lo que sea.


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La apuesta
No crean tampoco que estamos ante una película feminista-humanista-progresista. Lo es quizá por la carencia, completamente voluntaria, de conclusión, pero no por el discurso, lo es más por el fondo que por la forma.
La película es sutil, tranquila, acuosa, y como el agua misma, cuando se le agita puede entregar muy malas experiencias. El agua es el discurso y es un elemento importante en la película de Puenzo. Está por todos lados, en el mar, en el llanto de sus personajes y en las fronteras que la familia de Alex se ha autoimpuesto con el resto del mundo.
El significado de ese elemento, del sufrimiento de Alex, de la búsqueda de su padre, de las memorias de su madre, del destape sexual del hijo del cirujano, de las frustraciones de su padre, de las tormentas al lado del mar, deberá encontrarlo cada quien al final de la película, igual que la respuesta al durísimo y complicado teorema que se lleva a cabo en la casa apartada, pintada de azul, en la que Alex se refugia de un mundo que no acaba de comprender lo que debería ser natural. Si venimos de un mismo sitio, al final iremos todos al mismo lugar.

 

 
   
 
 
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